Avere tra noi una
carità perfetta
Avoir entre nous
une charité parfaite
Have perfect
charity among us
우
리
사이에
완전한
사랑을
지니자
Ter entre nós a
caridade perfeita
Tener entre
nosotros una caridad perfecta
Suchen wir
vollkommen zu sein in der Liebe
zueinander!
Jueves de la trigésima segunda semana del
tiempo ordinario
Evangelio según San Lucas 17,20-25.
Los fariseos le
preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: "El Reino de Dios
no viene ostensiblemente,
y no se podrá decir: 'Está aquí' o 'Está allí'.
Porque el Reino de Dios está entre ustedes".
Jesús dijo después a sus
discípulos: "Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días
del Hijo del hombre y no lo verán.
Les dirán: 'Está aquí' o 'Está allí',
pero no corran a buscarlo.
Como el relámpago brilla de un extremo al otro
del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.
Pero antes
tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta
generación.
Leer el comentario del Evangelio por
Concilio Vaticano II
Constitución
sobre la Iglesia en el mundo de hoy «Gaudium et spes», § 38 - Copyright ©
Libreria Editrice Vaticana
“El Reino de Dios está
en medio de vosotros”
El Verbo de Dios, por quien fueron
hechas todas las cosas, hecho Él mismo carne y habitando en la tierra, entró
como hombre perfecto en la historia del mundo, asumiéndola y recapitulándola en
sí mismo. Él es quien nos revela que “Dios es amor” (1Jn 4,8), a la vez que nos
enseña que la ley fundamental de la perfección humana, es el mandamiento nuevo
del amor... Así, pues, a los que creen en la caridad divina, les da la certeza
de que abrir a todos los hombres los caminos del amor y esforzarse por instaurar
la fraternidad universal no son cosas inútiles. Al mismo tiempo advierte que
esta caridad no hay que buscarla únicamente en los acontecimientos importantes,
sino, ante todo, en la vida ordinaria. Él, sufriendo la muerte por todos
nosotros, pecadores, nos enseña con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y
el mundo echan sobre los hombros de los que buscan la paz y la
justicia.
Constituido Señor por su
resurrección, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la
tierra (Mt 28,18), obra ya por la virtud de su Espíritu en el corazón del
hombre, no sólo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando,
purificando y robusteciendo también con ese deseo aquellos generosos propósitos
con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y
someter la tierra a este fin. Mas los dones del Espíritu Santo son diversos: si
a unos llama a dar testimonio manifiesto con el anhelo de la morada celestial y
a mantenerlo vivo en la familia humana, a otros los llama para que se entreguen
al servicio temporal de los hombres, y así preparen la materia del reino de los
cielos. Pero a todos les libera, para que, con la abnegación propia y el empleo
de todas las energías terrenas en pro de la vida, se proyecten hacia las
realidades futuras, cuando la propia humanidad se convertirán en oblación acepta
a Dios (Rm 15,16).
“Señor, que fructifique
en nosotros la celebración de la Eucaristía con la que tú nos enseñas, ya en
nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos y a poner en
ellos nuestro corazón”. (Misal romano: oración de postcomunión del 1er domingo
de Adviento)
