L’amarci
reciprocamente chiede allenamento
Nous aimer
réciproquement exige un entraînement
Loving each other
requires training
서
로
사랑하
는
것은
훈련을
요한다
O amor recíproco
requer treinamento
El amarnos
recíprocamente requiere entrenamiento
Die gegenseitige
Liebe verlangt Übung
Miércoles de la vigésima novena semana
del tiempo ordinario
Evangelio según San Lucas 12,39-48.
Entiéndanlo bien:
si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar
las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del
hombre llegará a la hora menos pensada".
Pedro preguntó entonces: "Señor,
¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?".
El Señor le dijo:
"¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de
su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno?
¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo!
Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.
Pero si este
servidor piensa: 'Mi señor tardará en llegar', y se dedica a golpear a los
servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse,
su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará
correr la misma suerte que los infieles.
El servidor que, conociendo la
voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que
él había dispuesto, recibirá un castigo severo.
Pero aquel que sin saberlo,
se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio
mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho
más.
Leer el comentario del Evangelio por Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas
Misioneras de la Caridad
“Algo bello para
Dios”, p. 73
“Dichoso aquel que cuando
llegue su dueño, lo encuentre en su trabajo”
Señor muy amado, haz que pueda verte hoy
y cada día en la persona de tus enfermos y, cuidándolos, servirte. Si te
escondes bajo la figura desagradable del colérico, del descontento, del
arrogante, haces que todavía pueda reconocerte y decir: "Jesús, tú mi paciente,
qué dulce es servirte".
Señor, dame esta
fe que ve con claridad, y entonces mi tarea jamás será monótona, siempre me
brotará la alegría cuando me preste a los caprichos y responda a los deseos de
todos los pobres que sufren…
Mi Dios, ya
que eres mi Jesús paciente, dígnate ser también para mí un Jesús de paciencia,
indulgente con mis faltas y que tiene en cuenta la intención, porque es quererte
y servirte, querer y servir a cada uno de tus enfermos. Señor, aumenta mi fe (Lc
17,5), bendice mis esfuerzos y mi tarea, ahora y para siempre.
*A continuación les comparto una gentileza de Teresa Amaya Sanchez:
SERVIDORES DEL PRÓJIMO
Si todos los hombres, o al menos un exiguo grupo de ellos, fueran verdaderos servidores de Dios en el prójimo, muy pronto el mundo sería de Cristo...
Chiara Lubich
Si todos los hombres, o al menos un exiguo grupo de ellos, fueran verdaderos servidores de Dios en el prójimo, muy pronto el mundo sería de Cristo...
Chiara Lubich




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