Fare di tutto per arrivare ad amarci l’un l’altro
Faire tout ce que nous pouvons pour parvenir à nous aimer les uns les autres
Do everything possible to the point of loving one another
서 로 사랑하 기 위해 모든 것을 다하자
Fazer de tudo para conseguirmos nos amar reciprocamente
Alles tun, damit es zur gegenseitigen Liebe kommt
Hacer de todo para llegar a amarnos los unos a los otros
Viernes de la vigésima séptima semana del
tiempo ordinario
Evangelio según San Lucas 11,15-26.
Pero algunos de
ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe
de los demonios".
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que
viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino
donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si
Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como
ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo
expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los
discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere
decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y
bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que
confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el
que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando el espíritu impuro sale de un
hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo,
piensa: 'Volveré a mi casa, de donde salí'.
Cuando llega, la encuentra
barrida y ordenada.
Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que
él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al
principio".
Leer el comentario del Evangelio por Catecismo de la Iglesia Católica §
691-693; 699-700
El dedo de
Dios
"Espíritu Santo", tal es el nombre
propio de Aquel que adoramos y glorificamos con el Padre y el Hijo. La Iglesia
ha recibido este nombre del Señor y lo profesa en el Bautismo de sus nuevos
hijos (cf. Mt 28, 19).
El término
"Espíritu" traduce el término hebreo Ruah, que en su primera acepción significa
soplo, aire, viento. Jesús utiliza precisamente la imagen sensible del viento
para sugerir a Nicodemo la novedad transcendente del que es personalmente el
Soplo de Dios, el Espíritu divino (Jn 3, 5-8). Por otra parte, Espíritu y Santo
son atributos divinos comunes a las Tres Personas divinas…
Jesús, cuando anuncia y promete la Venida del Espíritu
Santo, le llama el "Paráclito", literalmente "aquel que es llamado junto a uno",
advocatus (Jn 14, 16. 26; 15, 26; 16, 7). "Paráclito" se traduce habitualmente
por "Consolador", siendo Jesús el primer consolador (cf. 1 Jn 2, 1). El mismo
Señor llama al Espíritu Santo "Espíritu de Verdad" (Jn 16, 13).
Además de su nombre propio, que es el más empleado en el
libro de los Hechos y en las cartas de los Apóstoles, en San Pablo se encuentran
los siguientes apelativos: el Espíritu de la promesa (Ga 3, 14; Ef 1, 13), el
Espíritu de adopción (Rm 8, 15; Ga 4, 6), el Espíritu de Cristo (Rm 8, 11), el
Espíritu del Señor (2 Co 3, 17), el Espíritu de Dios (Rm 8, 9.14; 15, 19; 1 Co
6, 11; 7, 40), y en San Pedro, el Espíritu de gloria (1 P 4, 14).
Los
símbolos del Espíritu Santo (el agua, la unción, el fuego, la nube y la luz, el
sello y la paloma)
La mano. Imponiendo las
manos Jesús cura a los enfermos (cf. Mc 6, 5; 8, 23) y bendice a los niños (cf.
Mc 10, 16). En su Nombre, los Apóstoles harán lo mismo (cf. Mc 16, 18; Hch 5,
12; 14, 3). Más aún, mediante la imposición de manos de los Apóstoles, el
Espíritu Santo nos es dado (cf. Hch 8, 17-19; 13, 3; 19, 6). En la carta a los
Hebreos, la imposición de las manos figura en el número de los "artículos
fundamentales" de su enseñanza (cf. Hb 6, 2). Este signo de la efusión
todopoderosa del Espíritu Santo, la Iglesia lo ha conservado en sus epíclesis
sacramentales.
El dedo. "Por el dedo de
Dios expulso yo [Jesús] los demonios" (Lc 11, 20). Si la Ley de Dios ha sido
escrita en tablas de piedra "por el dedo de Dios" (Ex 31, 18), la "carta de
Cristo" entregada a los Apóstoles "está escrita no con tinta, sino con el
Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del
corazón" (2 Co 3, 3). El himno Veni Creator invoca al Espíritu Santo como
dextrae Dei Tu digitus ("dedo de la diestra del Padre").